CONSCIENCIA Y COMPASIÓN: UN DESPERTAR AMOROSO

Tal vez ya os habéis dado cuenta, en varios de mis escritos y reflexiones, que todos ellos tiene un hilo conductor, LA CONSCIENCIA como ACTITUD en diferentes ámbitos de nuestra vida: en nuestras relaciones, nuestra profesión, nuestra alimentación, nuestras decisiones vitales, etcétera. Antes de hablaros de esta poderosa pareja (consciencia-compasión), me gustaría explicaros, por separado, a qué me refiero cuando hablo de cada una de ellas.

CONSCIENCIA, para mí, es la actitud humana que nos predispone a un ejercicio de auto-observación y auto-conexión ligado al momento presente. Este ejercicio se nutre de la danza continua que se da entre nuestro mundo interior y el mundo que nos rodea. En esta interacción con el mundo de fuera, nuestro INTERIOR se activa constantemente. Lo curioso es que, aunque el origen de lo que nos ocurre reside dentro de nosotrxs, nuestra atención suele dirigirse fuera: “es mi hijo el que me hace perder la paciencia”, “es mi pareja la que me hace sentir invisible”, “si mi jefe tomara en cuenta lo que digo no me sentiría como una inútil”, “son las críticas de mi madre las que me hacen comer sin medida”, etcétera.

Qué creen ustedes que son las razones para que enfoquemos nuestra mirada fuera y no dentro? Mi respuesta a esta pregunta es: el JUICIO y el DOLOR. El dolor de lo vivido, de todo aquello que en su momento necesitamos y no tuvimos. La manera como nos explicamos nuestra historia y el significado que le damos a la misma.

Nos hemos pasado la vida construyendo corazas, máscaras, escribiendo guiones sobre lo que nos ha sucedido y sobre nosotrxs mismxs que no contemplan nuestras heridas; las tapan, las silencian y con este silencio acallamos una parte de nosotrxs. Nos vemos y nos “aceptamos” a medias. Ahora os pido que nos pongamos “las gafas” de la compasión (aún no hemos hablado de ella, ya lo sé, lo haremos)… Cuando somos conscientes, al menos en parte, de esas máscaras, corazas y guiones, es importante HONRARLAS. Qué quiero decir con honrarlas? Me refiero a reconocer nuestra elección y su utilidad. Me refiero a agradecer el papel protector que han cumplido hasta entonces, el sostén que nos han proporcionado todo este tiempo mientras no estábamos preparadxs para gestionar nuestras heridas y su dolor, de otra manera.

Yo soy una fiel convencida del poder sanador de los rituales. Su lenguaje simbólico es muy potente y nos permite integrar emocionalmente, experiencias que por su intensidad emocional o repetición en el tiempo resultan sobrecogedoras. Dicho esto, retomo lo siguiente…Cuando agradecemos podemos hacerlo en forma de un ritual, incluir elementos que representen lo que quiero dejar ir, a lo que doy la bienvenida, un escrito de gratitud o autoafirmación diciéndome, por ejemplo: “Agradezco que hasta ahora me hayáis protegido de lo que no estaba preparadx para sentir. A partir de ahora y de otra manera, me hago cargo de este dolor, de esta herida (en la que estemos enfocando nuestra atención) y me abrazo tal y como soy en el momento presente”.

En el momento en que nos hacemos conscientes de nuestra historia, nos hacemos responsables de nuestro lugar en el mundo. Responsabilizarse de ello implica, también, asumir que el poder de cambiar lo que no nos gusta en nuestra vida, reside sólo en nosotrxs. Dejar de proyectar en lxs otrxs mi dolor, los libera de una tarea que no es suya pero nos exige a nosotrxs asumirla por completo. Cuántxs estamos dispuestxs a ello?

Ahora bien, este CAMINO DE CONSCIENCIA puede incluir una compañera que hará que este viaje no se convierta en una pesadilla: LA COMPASIÓN.

Con el fin de contextualizar esta reflexión, quisiera decir que me he dado cuenta que mi concepción de la compasión resuena más con la manera como la asumen en tradiciones de Oriente (hinduismo o el budismo, por ejemplo) que como la concibe la cultura de judeo-cristiana de Occidente (donde se suele equiparar compasión con lástima).

La COMPASIÓN, para mí, está estrechamente ligada a dos palabras: Conexión y Amor. La compasión es la capacidad humana que nos permite ver más allá del juicio, más allá de aquello que nos separa de nosotrxs mismxs y del resto del mundo. Es la herramienta que nos permite romper con el pensamiento dicotómico*, que tanta violencia entraña: bueno-malo, inocente-culpable, víctima-agresor, por citar sólo algunos ejemplos.

La consciencia sin compasión nos deja un conocimiento vacío anclado en el reproche y la autoexigencia; nos deja vacíos de amor para con nosotrxs mismxs y para con el mundo. La consciencia con compasión es fértil. La compasión nos permite abrazar con amor todo lo que descubrimos cuando nos miramos atentxs. Cada descubrimiento nos abre posibilidades. La compasión es un ejercicio que “empieza por casa”. Si la ponemos en práctica, primero con nosotrxs mismxs, resultará mucho más sencilla y auténtica ponerla en práctica con lxs demás.

Elegir ser consciente requiere constancia y compromiso. Para mí la consciencia no es un estado, es una actitud que se entrena. Algunas veces nos acompaña y otras no. Si la compasión está presente entonces transformará cada momento de consciencia (in situ o a-posteriori) en una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

Si eliges darle espacio a la CONSCIENCIA en tu vida deseo que lo hagas de la mano de la COMPASIÓN!

*Marshall Rosenberg hace referencia a ello en su libro “La Comunicación No Violenta: Un lenguaje de Vida”

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