Crianza y Comunicación No Violenta: Una oportunidad de conexión genuina con nuestrxs hijxs! (1)

En mis primeros contactos con la Comunicación No Violenta (CNV), leyendo sobre los principios teóricos de ésta, me movía entre la fascinación y la frustración. Me explico, su postura me parecía maravillosa y al mismo tiempo bastante compleja de aplicar; para ser sincera no terminaba de verlo en un contexto real y en las manos de «simples mortales» como yo. Yo quería certezas, recetas, necesitaba la seguridad de que al aplicar lo que me decían, los resultados serían los esperados (no herir al otro con mis palabras y lograr que el otro hiciera lo que yo quería, consciente o inconscientemente ese era mi deseo). En ese momento, estaba lejos de comprender lo que en realidad me podía ofrecer esta mirada sobre la comunicación entre los seres humanos.

La CNV es un proceso, una puerta que se abre a la oportunidad del diálogo auténtico con el otro, en un momento determinado. Es dinámico y fluye como lo hacen los sentimientos y las necesidades de las personas involucradas. Así que lo importante es mantener la intención, LA CONEXIÓN CON EL OTRO. Y practicar, practicar y practicar. Poco a poco esta mirada se irá integrando en nuestra vida diaria. En el camino tal vez se nos queden muchas situaciones que no nos será posible abordar desde esta mirada (por falta de autoempatía y empatía, por limitantes de tiempo, por condiciones de riesgo que ponen en peligro mi seguridad y el de la otra persona, por falta de experiencia, etc etc…) aunque hayamos querido hacerlo. Yo os sugiero, antes de cualquier cosa, regalaros una buena dosis de autoempatía, después retomar verbalmente la situación con vuestrxs hijxs y abordarla desde la CNV acogiendo lo que está vivo en el momento presente, os aseguro que el resultado es igualmente potente. Desde mi experiencia os puedo decir que esta postura nos permite crear una conexión con nuestrxs hijxs (en realidad con cualquiera con la cual se aplique, pero ya que en este artículo quiero dedicar especial atención a la crianza, me centraré en el uso que le podemos dar en nuestro rol de padres y madres), cuidarla y favorecer la intimidad emocional en nuestra relación.

Se podría decir que el proceso de la CNV comprende dos «momentos»: La expresión honesta y la escucha empática. En cada uno de ellos ponemos nuestra atención en 4 elementos; las observaciones, los sentimientos, las necesidades y las peticiones.

Comenzaré por la EXPRESIÓN HONESTA. El recorrido sería más o menos el siguiente:

-OBSERVACIONES….descripción de lo que observamos, hechos concretos. Los juicios, críticas, pensamientos en general que nos genera una situación en particular, se observan desde la autoempatía, sin censurarlos ni pretender reprimirlos, se les mira, sin expresarme desde allí. Me limito a describir la situación que ha estimulado en mí dichos pensamientos.

-SENTIMIENTOS…siguiendo con este proceso de autoempatía, identifico que sentimientos tengo en el momento presente, los respiro sin cesura, los miro, los siento, los acojo; y cuando esté lista los expreso.

– NECESIDADES…siendo consciente de que la causa de mis sentimientos son mis necesidades no satisfechas y no lo que el otro haga, no haga, diga o no diga, identifico qué necesidad no satisfecha hay detrás de aquello que siento.

– PETICIÓN… Finalmente, teniendo claro que necesidad no satisfecha hay presente en la situación identifico qué estrategia puedo llevar a cabo para que dicha necesidad sea satisfecha. Es algo que pueda hacer yo? Algo que le pueda pedir al otro que haga? 

Después de este ejercicio de AUTOEMPATÍA estoy lista para expresarme honestamente de la siguiente manera:

P.ej: «Cuando veo que no dejas la ropa sucia en la cesta del baño (observación), me siento desanimada y enfadada (sentimientos) porque necesito apoyo y cooperación (necesidades) con las tareas de casa. Estarías dispuesto a dejarla en un cesto si lo ponemos en tu habitación? (petición)

Es importante tener claro que una petición no es lo mismo que una exigencia. La primera contempla y acepta honestamente el «no» por parte de la otra persona. La segunda no acepta un «no» como respuesta. Cómo nos podemos dar cuenta si hemos formulado una petición ó una exigencia? Por nuestra reacción cuando el otro responde con un «NO». Si nos enfadamos, le castigamos pasiva o activamente, le culpamos, le criticamos, etc, habremos comunicado una exigencia. Esta reacción nos permite revisar nuestra intención inicial. Probablemente si reaccionamos de esta manera nuestra intención habrá sido la de comunicar «amablemente» para que el otro finalmente termine haciendo lo que yo quiero, nuestro objetivo no habrá sido, por el contrario, el de ofrecerle una estrategia donde se vean satisfechas las necesidades de ambxs. Aquí tenemos, entonces, la maravillosa oportunidad de retomar el camino anteriormente recorrido, realizar nuevamente un ejercicio de autoempatía y finalmente poder empatizar con el otro para realizar una petición desde el auténtico deseo de contribuir a su bienestar.

Otro «momento» en la CNV es la ESCUCHA EMPÁTICA. Me gustaría mostraros de qué forma se puede aplicar en la crianza de nuestrxs hijxs, compartiendo con vosotrxs una situación que viví con mi hijo de 8 años hace más o menos un mes.

Después de estar toda la mañana fuera de casa llegué a recogerle al cole con mucha sed. Ahora en primavera, que todavía no apremia el calor, muchos días vuelve a casa con el termo de agua prácticamente lleno. Así que cuando se subió al coche le dije: «Si te ha quedado agua en el termo, te pido por favor, que después de que bebas me dejes un poco, hoy tengo mucha sed y no me he traído agua». Le ví abrir el termo y beber. Me giré y le pedí que me pasara el termo para beber. Me miró, agitó el termo y me dijo: «Mamá, ya no queda agua».

Yo sentí un «fuego» que se apoderaba de mí…y la conversación continuó de la siguiente manera:

Yo: «No lo puedo creer! Te lo pedí expresamente, para que lo tuvieras en cuenta y aún así te bebiste toda el agua».
(Mi cabeza estaba inundada de juicios, que probablemente le transmitieron mis ojos porque ví como su cara cambiaba cuando le decía esto. Mi primer impulso fue «hacerle» sentir culpable para que tuviera en cuenta mi necesidad).

«Me preocupa que no seas capaz de tener en cuenta las necesidades de otras personas»
(Los juicios seguían apareciendo en mi cabeza, primero contra él y luego contra mí: «es un desconsiderado, un egoísta, si algún día estuviera de excursión con sus amigos y la supervivencia de todos dependiera de él, los dejaría morir a todxs». Ya veis el calibre de mis pensamientos! Y luego continué conmigo: «pero que clase de madre soy, qué trabajo hemos hecho su padre y yo que nuestro hijx de 8 años no es capaz de compartir un sorbo de agua con otro ser humano. Soy un fracaso»).

Ahí estaba yo, con esa «bomba» en mi cabeza a punto de explotar cuando mi hijo me dice:

«Mamá pues si tenías tanta sed debiste haberte traído tu termo de agua de casa».

Aquí me tocó respirar profundo, una, dos y tres veces y me di cuenta de que lo que sentía en ese momento (no sabía aún lo que era pero era intenso) «me superaba» y cualquier cosa que le dijera a mi hijo en ese momento, lo haría con la clara intención de lastimarlo, verbalizando mis juicios o responsabilizándolo de algo mío. En ese momento, me era imposible ofrecerle empatía y escuchar su necesidad. Así que guardé silencio y entonces escuché su voz: «Mamá tenía mucha sed, debiste traer tu termo con agua desde casa». Respiré nuevamente y le dije: «Ahora mismo no puedo hablar. Estoy muy enfadada y necesito irme en silencio hasta casa. Cuando estemos en casa hablamos».

Durante la media hora que dura el trayecto hasta casa, comencé a percibir su ansiedad. Cada cierto tiempo me preguntaba, si continuaba enfadada. Yo veía que mi silencio le ponía nervioso y esta situación me hizo conectar con mi vivencia de pequeña, cuando mi madre al enfadarse conmigo me retiraba su afecto a través del silencio y la frialdad, y entonces supe que era importante que le diera algún tipo de réplica pronto. Tenía que ser honesta, no podía acoger sus sentimientos con empatía en ese momento porque aún me notaba cargada de juicios y confusa ante la intensidad de mi emoción.

Entonces me dijo: «Mamá, entonces me vais a abandonar?» Yo me quedé de piedra y lo único que en ese momento le dije fue: «Nooo, y quiero que hablemos de eso, pero ahora no puedo. Siento muchas cosas y no se muy bien que son y necesito estar un rato en silencio para poder saber que me pasa y luego poder explicártelo y escucharte». A partir de aquí guardó silencio. Yo, mientras tanto intentaba conectar con mi enfado e identificar la necesidad no satisfecha que me generaba dicha emoción. Mientras iban apareciendo palabras como consideración y reconocimiento, mi atención iba cambiando de foco…de mi hijo a mí. Y curiosamente su imagen de tirano comenzaba a desaparecer de mi cabeza.

Entonces pude escucharme a mí misma diciéndome: «Tenía una necesidad física imperante, la sed y la satisfizo bebiendo el agua de su termo. Cuando le expresé mi necesidad, mi sed, me ofreció una estrategia para satisfacerla..-trae tu termo con agua-«. Ahora comenzaba a escuchar sus palabras con empatía, y al mismo tiempo quería seguir indagando en mí para conectar con mi necesidad y poder expresarla. Mi enfado se iba desvaneciendo pero comenzaban a emerger emociones como la tristeza y un cierto desconsuelo. Algo me decía que había algo más profundo que me había removido dicha situación con mi hijo. Yo sentía que la intensidad de mi emoción venía de lejos, esa situación particular vivida con mi hijo en el presente me conectaba con situaciones vividas siendo niña y adolescente que me habían dejado una herida profunda. Respondiendo a la etiqueta de «niña buena» asumía continuamente la tarea de «comprender» al otro y en ese camino mis necesidades no eran expresadas y mucho menos satisfechas. De momento, no ahondaré más en esta situación para no desviarme del tema que nos compete en este artículo. Pues bien, habiendo hecho todo este ejercicio de autoempatía, pude sentarme con mi hijo y hablar sobre la situación vivida, acogiendo también lo que estaba vivo en ese momento (para entonces mi hijo ya me había expresado nuevos sentimientos y necesidades que era importante que fueran satisfechas):
Mi hijo: » Mamá que es estar arrepentido?»(mirando  hacia al suelo). 
A mí, además de sus palabras, me llegó tristeza y preocupación por lo que yo pudiera estar sintiendo…y entonces quise acoger todo esto después de responder a su pregunta.
Yo: «Estar arrepentido es cuando sentimos que nos hubiera gustado hacer las cosas de una forma diferente a como las hemos hecho».
Mi hijo: «Mamá, lo siento por lo del agua».
Yo: «Gracias cariño por tus palabras. Yo quiero que sepas que mamá se enfadó mucho porque necesitaba beber agua y no pude hacerlo. Además me recordó algunos momentos de cuando era pequeña y otras personas no eran capaces de escuchar y tener en cuenta mis necesidades».

Después me acerqué más a él, le miré a los ojos con el corazón encogido y le dije: «Cariño, cuando estábamos en el coche me preguntaste si te íbamos a abandonar (para mí era muy importante acoger su miedo y detrás de éste, su necesidad de seguridad y afecto). Yo quiero que sepas algo, aunque me enfade, aunque no esté de acuerdo con algo que hagas, aunque discutamos, mamá y papá te van amar siempre y vamos a estar contigo en los momentos en los que nos necesites. Siempre te vamos a amar, siempre!».
Y entonces me miró a los ojos y me dijo: «Gracias mamá» , suspiró, ví como se relajaba su cuerpo y me abrazó.

Un momento de desencuentro terminó siendo una oportunidad de conexión profunda con mi hijo y conmigo misma. De esta situación aprendí muchas cosas, una de ellas, la de no dar por supuesto que nuestrxs hijxs se sienten amadxs por el sólo hecho de que como padres y madres nos esforzamos y tenemos «buenas intenciones»; no lo digo con la intención de culparnos por todo lo que no somos capaces de darles y que realmente necesitan, si no como una invitación a ser conscientes del poder que para ellxs tienen nuestras palabras y nuestrxs acciones, para escucharles con el corazón y poder ofrecerles un amor incondicional que les permita desarrollarse como seres auténticos y empoderados.

Otro gran aprendizaje estuvo relacionado con una frase que Pilar de LaTorre utiliza mucho en sus conferencias sobre CNV: «CONEXIÓN ANTES QUE EDUCACIÓN». Como padres y madres muchas veces nos apegamos a la creencia de que debemos aprovechar cada situación de conflicto con nuestros hijxs para ejercer nuestra labor educativa, es decir, moraleja, antes que todo. En pro de esta premisa nos posicionamos directamente en el papel de evaluador y juez y a partir de allí sentimos que debemos ilustrar a nuestrxs hijxs con la manera correcta de proceder. La cuestión es que con estas ideas en la cabeza no logramos pasar de los juicios y las críticas sobre lo que el otro ha hecho y la conexión con el otro resulta imposible. Para que nuestrxs hijxs nos escuchen, primero, necesitan sentirse escuchados. Para que reconozcan nuestras necesidades, necesitan que primero nosotrxs reconozcamos las suyas. Cuando esta conexión entre ellxs y nosotrxs sucede, como decía M. Rosenberg, la «solución» fluye. Con el abrazo de mi hijo cerramos la conversación sobre la situación del agua, y al mismo tiempo yo como madre, conmovida por lo vivido pero muy fiel a mi «labor» educativa me preguntaba: «en una próxima ocasión será capaz de reconocer la necesidad del otro?». Justo dos semanas después en una reunión con sus amiguitos en casa de uno de ellos y después de mucho juego físico, le veo abrir el termo para beber agua mientras que sus dos amigos se acercan y le dicen que también quieren agua y él sin pensarlo dos veces y sin percatarse que yo desde lejos observaba la escena les pasa el termo y les dice: «Vale, pero porfa no os la bebáis toda». Respiré aliviada (lo reconozco), sintiendo sobre todo que su interés era genuino y que no actuaba impulsado por evitar un castigo, porque se hubiera sentido culpable o porque era el momento de complacer a mamá o responder algún convencionalismo social. Desde dónde te gustaría que actuara tu hijx? Cuál te gustaría que fuese su motivación?

Finalmente, me gustaría transmitir la idea de que no hay milagros en todo esto, ni resultados inmediatos (nuestrxs hijxs necesitan tiempo para CONFIAR en que nuestra nueva forma de actuar está motivada únicamente por el deseo auténtico de conectar con ellxs, comprenderles y ofrecerles estrategias que satisfagan las necesidades suyas y nuestras). Existen muchos matices en todo este proceso, podréis ser testigos de ello durante su práctica y también podréis presenciar el efecto que tiene en el otro y en vosotrxs, será entonces cuando os darán ganas de continuar poniéndolo en práctica cada vez que se os presente la oportunidad.

Un comentario sobre “Crianza y Comunicación No Violenta: Una oportunidad de conexión genuina con nuestrxs hijxs! (1)

  1. Qué interesante el análisis de la situación que hiciste, supongo que frente a la situación del agua, hubiera pensado y actuado de manera similar, no me escucha, es egoísta, y aún peor no hubiera podido pedir un tiempo de silencio para mí. Lo único que supongo que hubiera hecho, y que utilizo mucho, no buscando sentimientos de culpa, pero si de auto análisis – a pesar de su corta edad–hubiera sido preguntarle, te gustaría que yo hiciera esto, te gustaría que tu hermano o un amigo te lo hiciera? Muchas veces funciona, pero la educación es eso, ensayo y error…

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