Educar: Acompañar el desarrollo auténtico del Ser!

En varias ocasiones y en diferentes espacios educativos y formativos nos han preguntado a los presentes qué es para nosotrxs educar. Las respuestas han sido diversas; libertad, respeto, acompañar con amor, descubrir, potenciar, facilitar el aprendizaje, permitir la curiosidad y la creatividad, ofrecer experiencias enriquecedoras, enseñar etc, etc…Mientras escuchaba atentamente las respuestas de mis compañerxs sentía como con algunas de ellas resonaba y con otras no tanto. Y es que se me quedaban cortas las definiciones para semejante acto de generosidad tan grande: Educar a una criatura!

Y es que para mí educar a un niño o una niña, desde el respeto y el amor, requiere un ejercicio de consciencia permanente (aunque el resultado no siempre sea éste, conservar esta actitud es un gran paso).

Educo cuando le permito al otro conectar consigo mismo, con su esencia y desplegarlo en el mundo. Ser testigo de ello, es apreciar el maravilloso acto creativo del ser humano, este despliegue es lo que nos permite darle un sello de autenticidad a todo lo que hacemos, lo que nos permite conectar con nuestra energía vital y fluir en nuestro Elemento, como diría Ken Robinson. Educar es un acto íntimo, emocional y espiritualmente hablando; y como tal requiere de nuestro absoluto compromiso como adultos.

En nuestra cultura occidental educar y enseñar son equiparables y desde esta mirada los adultos nos relacionamos con lxs niñxs, ya sea para criar a nuestrx(s) hijx(s), formarles en los centros educativos, desarrollar políticas de esta índole, etc. El foco de atención es diametralmente opuesto, educar se centra en lo de dentro, en el/la niñx, en su Ser (sus intereses, sus necesidades, sus emociones), y enseñar, en el afuera, el saber le viene a la criatura desde fuera, por algo o alguien que le transmite conocimientos. No digo que el afuera no importe, digo que la dirección de la mirada debería ser otra, de lo contrario corremos el peligro de educar futuros adultxs alienados, fruto de las expectativas de otrxs, incapaces de pensar por sí mismxs, centradxs en el pensar y alejadxs completamente del sentir, dóciles, desconectadxs de sí mismxs y por ende incapaces de conectar íntimamente con ningún otro ser (condición imprescindible para educar).

Si nuestro deseo es EDUCAR el punto de partida somos cada unx de nosotrxs. Necesitamos entender que para conectar con ese “pequeño” Ser que tengo frente a mí y ser capaz de acompañarle en el desarrollo auténtico de su Ser, primero necesito conectar conmigo mismx. Necesito poder ver la totalidad de mi Ser, la luz y la sombra, lo que me gusta de mí mismx y lo que no he sido capaz de aceptar, mi historia (mi familia de origen y las generaciones que le preceden), mis heridas, mis necesidades, mis frustraciones, en definitiva…mi Ser. Si después de verlo (pensarlo) soy capaz de sentirlo (revivir el dolor, acogerlo y sostenerlo como adultx) entonces podré conectar con el/la niñx que tengo en frente. Esa criatura no será responsable de sostener mis frustraciones ni mis necesidades, podré verle siendo consciente de mis proyecciones sobre él o ella, podré permitirle ser quién es. Quizás os parezca una tarea imposible de lograr por un adulto imperfectamente humano. Primero que todo no es una meta que hay que lograr. No conozco el/la primer adultx totalmente trabajadx, sanadx y perfectamente listx para educar a un(a) niñx. Es un camino, una actitud, una consciencia al transitar el camino de la vida y al elegir educar a otro Ser. Un camino en el que esxs niñxs son respetadxs y acompañadxs con amor y, además, aprenden del caminar del adulto, que es legítimo apreciarse tal y como se es, que las equivocaciones son oportunidades de cambio y que dentro de cada unx de nosotrxs existe un potencial infinito, único y creador que nos permite transformar nuestra realidad en el momento que estemos dispuestxs a ello.

La mayoría de los adultos hemos sido educadxs, desde muy niñxs, para HACER, para estar centrados en el afuera, en las necesidades de otrxs, en los intereses de otrxs, al servicio de otrxs. Este tipo de educación no es sostenible sin una buena dosis de obediencia. Una obediencia que silencia a la infancia y asegura la comodidad emocional y material del adulto. El ritmo de lxs niñxs es otro. Las criaturas nacen conectadas totalmente con el presente, viven en el aquí y el ahora latiendo al ritmo de sus necesidades. Este choque de energías, adultx-niñx, rápidamente se resuelve haciendo que el/la niñx se adapte al ritmo adulto. Lo que se pierde por el camino es muy valioso como para no hacer un alto y reflexionar sobre ello. El auténtico Ser de la criatura se diluye en este tránsito porque nuestrx(s) hijx(s) harán cualquier cosa para sentirse aceptadxs y queridxs por nosotrxs, incluso sacrificar quiénes son y lo que realmente necesitan. Educar para Ser exige algo que a los adultos nos cuesta mucho otorgar, y más cuando se trata de lxs niñxs, LIBERTAD!

“ La falta de libertad de ser como uno es nos deshumaniza e interfiere con nuestro animal interior* ”

“ Un ser humano inteligente y con corazón se torna sabio cuando conecta con su esencia, con su espiritualidad y con su misión”

Claudio Naranjo

* C. Naranjo, con animal interior, se refiere a nuestro instinto, nuestra esencia, aquello que nos conecta directamente con nuestra energía vital.

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