Criar desde la abundancia

Cada unx de nosotrxs (lxs que nos hemos convertido en madres y padres) tenemos una forma única y particular de vivir nuestra maternidad y paternidad. Cada unx se deja «tocar» más o menos por la gestación, el nacimiento y la crianza y educación de sus hijxs. Cada unx de nosotrxs transita este camino, desde lo que es y por tanto, desde lo que le es posible ofrecer al otro. Algunxs nos cuestionamos muchas cosas que antes nos resultaban indiferentes, otrxs se hacen preguntas puntuales, otrxs nos embarcamos en procesos de autoconocimiento profundos, otrxs se ciñen a lo evidente y centran su atención en lo que pueden ver, oler y tocar en el aquí y en el ahora. Todos son caminos legítimos. 

Mi vivencia de la maternidad ha estado ligada siempre a la reflexión y al interés por conocer «nuevas formas de hacer». Y en esta búsqueda he tenido la oportunidad de leer, escuchar y aprender de la experiencia de otras familias y profesionales que abogan por una mirada de la relación entre niñxs y adultos diferente; una mirada, a mis ojos, consciente y responsable. En un principio, y durante mucho tiempo, toda esta información que recibía me permitía ser consciente de muchas situaciones que me generaban malestar e inquietud en la relación con mi hijo y a partir de allí me era posible llevar a cabo cambios encaminados a cuidar la calidad del vínculo entre lxs dos. Sin embargo, este proceso de consciencia iba ligado a un sentimiento de culpa y reproche para conmigo misma. La autoexigencia, detrás de esa culpa, me mantenía en un estado de alerta continuo que no me permitía disfrutar de los momentos de conexión con mi hijo y entorpecía mi deseo de ofrecerle una presencia plena y auténtica. El placer y disfrute de mi maternidad se había perdido entre tanto «debería». 

Poco a poco iba creciendo en mí la necesidad imperiosa de fluir acompañando a mi hijo; de ser más yo, la del momento presente, no esa madre que yo quería ser, totalmente sanada y consciente de todo, esa madre irreal fruto de mis expectativas y mis juicios, una madre perfecta. Experimentando este malestar descubrí una mujer maravillosa en uno de los espacios de autocuidado que me suelo procurar. Esta mujer, Carlota Sala, compartía su vivencia de la maternidad consciente desde un lugar de profunda aceptación de su imperfección como ser humano. Sus palabras estaban repletas de amor para con ella misma, con su proceso de consciencia, con sus ritmos, con sus dudas, con sus miedos, con sus limitaciones. Curiosamente esa vivencia yo la podía sentir replicada en sus ojos de cara al mundo, en la manera como nos veía a las madres que acompañaba, sin juicios, sin expectativas. Su mirada resonó profundamente en mí y me abrió una puerta, una posibilidad, la de transitar la crianza y educación de mi hijo desde la Abundancia. Y es que está claro, la forma como nos miramos a nosotrxs mismxs es la forma como miramos a lxs demás. 

Cuando hacemos de la culpa nuestra compañera conectamos con lo que «nos falta», con lo que no aceptamos en nosotrxs mismxs, conectamos con el desamor y la carencia y desde allí nos esforzamos por dar a nuestrxs hijxs PRESENCIA y AMOR. Paradójico, verdad? Nos situamos en un lugar vacío para dar presencia que nutra y, por razones obvias, nos cuesta horrores, nos agota, nos duele y nos frustra. Nuestra presencia parece no ser suficiente. Nuestrxs hijxs piden y piden desde un lugar angustioso y nosotrxs nos sumimos en la confusión y el desaliento sin entender como «estando», queriendo «estar» por y para ellxs, atentxs a sus necesidades esa criatura parece no recibir lo suficiente.

Muchxs de nosotrxs comenzamos a caminar por el camino de la Crianza Consciente con la creencia y el deseo de hacer ciertas «cosas» distintas a como las hicieron nuestrxs madres y padres, con la firme intención de que nuestrxs hijxs no «pasaran por lo que habíamos pasado nosotrxs», empeñadxs en evitarles ciertos dolores. Y a partir de aquí muy conectadxs con el miedo comenzamos a dar a nuestrxs hijxs desde nuestro dolor, desde nuestra herida vista pero no sanada*. Un miedo que como aviso de un malestar, fruto de una manera de actuar o sentir que no satisface nuestras necesidades, es muy útil, pero que cuando nos aferramos a él y no le dejamos fluir (como toda emoción necesita) nos mantiene en un estado de alerta permanente, desconectados del presente y conectados con lo que podría ser si se repitiera lo que ya fue. Y nos plantamos frente a nuestrxs hijxs pretendiendo ser alguien que no somos. Reprochando y enjuiciando lo que hemos recibido, lo que en ESCENCIA somos. En este momento de mi vida, creo con firmeza que el cambio es posible también desde la ACEPTACIÓN; y habiéndolo experimentado primero desde el juicio y después desde el amor, tengo que confesar que este último camino me resulta mucho más satisfactorio.

Criar desde la Abundancia es un camino que nos invita a vernos con «buenos» ojos, a aceptarnos y amarnos al completo; dejando espacio a lo que nos gusta de nosotrxs mismxs y a lo que no nos gusta tanto. Porque eso es lo que somos en el momento presente, eso es lo que tenemos para dar, eso es lo que enriquece la vivencia de nuestrxs hijxs, es lo que les conecta con el fluir auténtico de la vida y les da el permiso de ser y amarse tal y como son. Para mí la Abundancia son como “unas gafas” a través de las cuales podemos ver el mundo. No quiere decir que siempre logremos estar en ese “estado de gracia”, pero su uso hace que nuestro ojo se acostumbre cada vez más a esta forma de ver. La consciencia para mí es una intención, una actitud ligada a un compromiso de responsabilidad para con unx mismx. Acompañar a nuestrxs hijxs de forma consciente en su desarrollo, implica para mí, además una elección diaria: la de vernos con honestidad, la de acoger todo lo que somos y hemos vivido y la de darle un lugar en nuestra vida y en nuestra historia a todo ello para que no busque un espacio, ni un sentido en la vida e historia de nuestrxs hijxs. De nuestras alegrías y dolores nos hacemos cargo nosotrxs, no ellxs. Transitar la crianza consciente con las gafas de la Abundancia representa para mí la oportunidad de CRECER junto a mi hijx sintiéndome FELIZ!

Con inmensa gratitud a la vida y a Carlota quisiera cerrar este artículo con unas palabras suyas que me acompañan desde entonces: «Nuestrxs hijxs no necesitan padres y madres perfectxs, necesitan padres y madres felices, conectadxs con la vida».

*Sanada: Aceptada, integrada como parte esencial de nosotrxs, acogida con amor por el simple hecho de ser parte de nuestro Ser

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *